The end of my 20s

Today is, at least in this incarnation, the last day that I´m spending in my 20s. Being as romantic as I am, I couldn´t help but look back and smile because the word that best describes these past 30 years is gratitude.

Hoy es el último día, por lo menos en esta encarnación, que paso en los veinte. Con lo romántica que soy, me resulta inevitable mirar atrás y sonrío, porque la palabra que resume todo lo que he vivido estos 30 años es gratitud.

How blessed and fortunate I feel for being born in that warm and happy city located in Colombia´s northern coast. How beautiful it has been to grow up surrounded by two cultures, two languages, two religions, two countries. Thank you, mom and dad, for having hugged each other with such strength to gift me with life. Thank you for teaching us that tolerance and respect are vital keys. Thank you for my siblings, because they are everything. Thank you for giving me the most loving family in the world.

I had the bliss of being able to enjoy my grandparents for a really long time. To dwell in their hugs and in their kisses. Now, two of them are smiling angels that visit me at night. Meanwhile, I keep enjoying those loving and strong women and I have been so blessed that life gave me 3 grandmothers, instead of 2. My beloved uncles, aunts and cousins add so much meaning to everything.

I have loved deeply and learnt that the heart is the body’s organ that heals the best. For me, it is made out of clay and mine is a mix of colors, from all the hearts I’ve caressed. I understood that there is no greater bliss than to love and be loved. I grasped that love is freedom and that it transcends any relationship, time and space.

I learned that you have to close cycles. That, even though at first it might be painful, we have to let go of people and circumstances that no longer fulfill a purpose of love in our lives. I know that we are all going through our own experiences and that we are doing the best we can. We are not here to save or change anyone. Love, live and let live, might be, perhaps, the best advice.

I discovered that the soul speaks loud and clear, when you listen. That all the answers lie within us. That, when we are centered, everything is peace and love. I verified, many times, that life has a perfect time and order and that, although we might not get it initially, there is always a deep lesson for our evolution.

I went from being terrified of animals, to love and respect them deeply. I allowed myself to overcome my fears and get lost in the loving eyes of my dogs. From them I have received, perhaps, the deepest lesson of unconditional love.

I experienced the magic of stepping outside of my comfort zone. I understood that it is normal to have fears, but that we should always choose love, because what we resist, persists. I gave myself the possibility of changing my opinion, of giving second chances, of learning new things and opening up to the unknown. I’ve seen myself transform from a scared caterpillar to a colorful and happy butterfly.

I understood that dreams do come true. That when we live, with passion, the calling of our soul, we can touch other souls as well to dive in the perfect dance of life. Dance, where the balance lies in giving and receiving. Today I know that patience does bring rewards and that it is, probably, the greatest lesson I came to learn here this time.

I discovered that death is only just one more step. That we are all connected eternally. That when we say yes to life, exactly as it is, amazing things happen. That when we choose happiness as our ultimate goal, everything else begins to fit. That right here and right now is where we can experience true bliss.

I have had the fortune to hug hearts throughout the world. I now have friends in every continent and, if you are reading this, it is because, one way or another, you have shared my path and to you I say: thank you. Thank you for allowing our destinies to intertwine, for being a part of my life, it doesn’t matter how long. Thank you for reminding me, over and over, that we all do smile in the same language.

I’ve fallen many times. I had to swallow my words. I judged and was mistaken. I touched the limits of hell and came back stronger. I allowed my shadow to shut me down and then I learned that both her and my light are a part of me. I understood that tears are as valid as smiles. I experienced that, even though you can’t always control what happens around you, you can choose how you react to it. I discovered that repeating “I love you, I’m sorry, please forgive me, thank you”, might be initially hard but turns out to be profoundly healing.

Thank you, Father for the breath of life. Thank you, Mother Earth for allowing me to live here. Thank you, beloved body for being my soul’s home. Thank you, ancestors, teachers, angels, spiritual guides and light beings for allowing me to feel your love and protection always.

I am convinced that every ending is a new beginning. I don’t know what’s in store for me but I strongly embrace uncertainty, while I step firmly in the present. Bring it on, life. I am ready.

Que afortunada y bendecida me siento por haber nacido en esa ciudad calientica y alegre del norte de Colombia. Que lindo haber crecido rodeada por dos culturas, por dos idiomas, por dos religiones, por dos países. Gracias, papi y mami, por haberse abrazado con tanta fuerza para regalarme la vida. Gracias por enseñarnos que la tolerancia y el respeto son llaves fundamentales. Gracias por mis hermanos, que lo son todo. Gracias por haberme regalado a la familia más amorosa del mundo.

Tuve la dicha de disfrutar a mis abuelos durante mucho tiempo. De dejarme consentir por sus abrazos y sus besos. Ahora dos de ellos son ángeles sonrientes que me visitan por las noches. Acá me sigo gozando a esas mujeres hermosas y fuertes y, tan afortunada he sido, que la vida me regaló tres abuelas en vez de dos. Mis tíos y primos le dan mucho más significado a todo.

He amado intensamente y he aprendido que el corazón es el órgano del cuerpo que mejor sana. Para mí, él es de plastilina y lo tengo lleno de colores por los otros corazones que lo han acariciado. Entendí que no hay dicha más inmensa que amar y ser amado. Comprendí que el amor es libertad y que trasciende cualquier relación, el tiempo y el espacio.

Aprendí que hay que cerrar ciclos. Que, aunque inicialmente resulte doloroso, hay que dejar ir aquellas situaciones y personas que ya no cumplen un propósito de amor en nuestras vidas. Sé que todos atravesamos nuestras propias vivencias y que estamos haciendo lo mejor que podemos. No estamos aquí para salvar a nadie, para cambiar a nadie. Ama, vive y deja vivir, parece ser el mejor consejo.

Descubrí que el alma habla fuerte, cuando la escuchas. Que todas las respuestas yacen en nuestro interior. Que, cuando estamos en nuestro centro, todo es calma, todo es paz, todo es amor. Verifiqué, una y otra vez, que la vida tiene un tiempo y un orden divino y que, aunque no lo entendamos en el momento, siempre hay una poderosa lección ahí para nuestra evolución.

Pasé de tenerle pavor a los animales, a amarlos y respetarlos profundamente. Me permití vencer mis miedos y perderme en los ojos amorosos de mis perritas. De ellos, quizás, he recibido la lección más profunda de amor incondicional.

Experimenté la magia de estar afuera de mi zona de confort. Entendí que es normal tener miedo, pero que hay que elegir al amor, porque, indudablemente, lo que temes, persiste. Me permití la posibilidad de cambiar de opinión, de dar segundas oportunidades, de aprender algo nuevo y de abrirme a lo desconocido. Me he visto pasar de ser una oruguita asustada a una mariposa colorida y feliz.

Entendí que los sueños sí se hacen realidad. Que cuando vivimos, con pasión, el llamado de nuestra alma, podemos, también, tocar otras almas para sumergirnos así en la danza perfecta de la vida. Danza, en donde el equilibrio ideal se da entre el dar y el recibir. Hoy se que la paciencia sí trae recompensas y que esa es, quizás, la lección más grande que esta vez vine a aprender acá.

Aprendí que la muerte es solo un paso más. Que todos estamos conectados eternamente. Que cuando le decimos que sí a la vida, tal y como es, cosas maravillosas ocurren. Que cuando elegimos a la felicidad como nuestra meta máxima, todo lo demás empieza a encajar. Que en el aquí y en el ahora es donde podemos realmente experimentar la dicha plena.

He tenido la fortuna de abrazar corazones por el mundo entero. Hoy tengo amigos en cada continente y, si estás leyendo esto es porque, de alguna u otra forma, has compartido mi camino y te digo: gracias. Gracias por permitir que nuestros destinos se entrelazaran, gracias por tu permanencia en mi vida, no importa que tan larga o corta haya sido. Gracias por recordarme, una y otra vez, que todos sonreímos en el mismo idioma.

Me caí muchas veces. Tuve que tragarme mis palabras. Juzgué y me equivoqué. Toqué los límites del infierno y regresé más fuerte. Dejé que mi sombra me silenciara y luego aprendí que tanto ella como la luz forman parte de mí. Entendí que las lágrimas son tan válidas como las sonrisas. Comprendí que, aunque no siempre puedas controlar lo que ocurre a tu alrededor, sí puedes decidir cómo reaccionas ante lo que pase. Descubrí que repetir “te amo, lo siento, perdóname y gracias”, puede ser inicialmente difícil, pero resulta siendo completamente sanador.

Gracias, Padre Creador por el soplo de vida. Gracias, Madre Tierra por permitirme vivir aquí. Gracias, querido cuerpo por ser el mejor hogar para mi alma. Gracias ancestros, maestros, ángeles, guías espirituales y seres de luz por permitirme sentir su amor y su protección todo el tiempo.

Estoy segura que cada final es tan solo un nuevo comienzo. No sé qué me falta por vivir, pero abrazo a la incertidumbre con fuerza, mientras me paro con firmeza en el presente. Ven con toda, vida. Estoy lista.

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